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martes, diciembre 21, 2010

¿Humanidades en las escuelas de negocios?

¿Humanidades en las escuelas de negocios?
21 de Diciembre de 2010 - 06:46:59 por josep maría lozano

josep m. lozanoLa pregunta –que a veces sospecho que estudiantes, profesores e instituciones educativas no se hacen casi nunca- es qué pretendemos con la educación (y con qué parámetros valoramos si lo estamos consiguiendo, claro está). A lo mejor lo que ocurre es que no nos atrevemos a sostener con la cabeza alta la respuesta que daríamos a dicha pregunta.

 

Estamos en medio de una crisis de proporciones gigantescas y de enorme gravedad a nivel mundial. No, no me refiero a la crisis económica global que comenzó a principios del año 2008. Al menos en ese momento, todo el mundo sabía lo que se avecinaba y varios líderes mundiales reaccionaron de inmediato, desesperados por hallar soluciones. En efecto, el desenlace para sus gobiernos sería arduo si no las encontraban, y a la larga muchos de ellos fueron reemplazados por causa de la crisis. No, en realidad me refiero a una crisis que pasa prácticamente inadvertida, como un cáncer. Me refiero a una crisis que, con el tiempo, puede llegar a ser mucho más perjudicial para el futuro de la democracia: la crisis mundial en materia de educación.

 

Estas palabras no son mías (aunque las hago mías): son el inicio de un libro reciente de Martha C. Nussbaum, que lleva por título Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. El punto de partida de su preocupación es la constatación de que, en todo el mundo, se están erradicando progresivamente las humanidades de los planes de estudio y de las prioridades de la educación. Pero esta preocupación no es una preocupación gremial o corporativa. Es una preocupación por la razón de ser de la educación. Sostiene Nussbaum que la educación debe preparar para el trabajo, para el ejercicio de la ciudadanía y para dar sentido a la vida. Y que cada vez más el primer objetivo absorbe todos los recursos y energías, y oscurece a los otros dos. Lo formula mediante contraposiciones que, con el riesgo de adquirir un regusto maniqueo, delimitan con claridad la tensión: educación para la obtención de rentas o educación para la democracia y la ciudadanía (o sin ánimo de lucro); educación para promover la rentabilidad o para promover el civismo.

 

Estas contraposiciones, que por su tono falsamente antagónico lastran a menudo su hilo argumental, no son tales contraposiciones, sino el grito de alarma ante una tendencia que en, diversos países, va en la misma dirección: las prioridades unidimensionales en materia de educación. Sin embargo, lo importante del reto de Nussbaum en la reivindicación de las humanidades no se centra en las humanidades consideradas por si mismas, sino en su contribución para el desarrollo de determinadas capacidades. Las enumera en estos términos: la capacidad de desarrollar un pensamiento crítico; la capacidad de trascender las lealtades nacionales y de afrontar los problemas internacionales como ciudadanos del mundo; y por último, la capacidad de imaginar con compasión las dificultades del prójimo.

 

La crisis de la educación no es una crisis de currículum y planes de estudio. Vayamos por partes: claro que lo es, por supuesto. Pero es un grave error reducirla a ver quien elabora el mejor puzzle curricular. Entre otras cosas porque a base de rankings y benchmarquings lo único a lo que llegamos es devanarnos los sesos para ver cómo conseguimos hacer mejor que nadie lo mismo que hacen todos. Y la pregunta que debemos afrontar es si se trata de seguir haciendo lo mismo. Volvamos a Nussbaum: "se supone que las cosas que sí importan son aquellas que preparan para una carrera laboral. Entre los objetivos a los que vale la pena dedicarle tiempo nunca se menciona una vida plena de significado ni un ejercicio atento y respetuoso de la ciudadanía". Me corrijo: la pregunta ya no es si se trata de seguir haciendo lo mismo, sino si se trata de seguir pretendiendo lo mismo. La pregunta –que a veces sospecho que estudiantes, profesores e instituciones educativas no se hacen casi nunca- es qué pretendemos con la educación (y con qué parámetros valoramos si lo estamos consiguiendo, claro está). A lo mejor lo que ocurre es que no nos atrevemos a sostener con la cabeza alta la respuesta que daríamos a dicha pregunta.

 

Todo lo anterior afecta también, claro está, a las escuelas de negocios, que en estos momentos viven un inmenso debate sobre su razón de ser y su contribución. Pero me temo que lo que deberían hacer es empezar por confrontarse con otra afirmación recogida por Nussbaum: "Los seres humanos necesitan sentido, comprensión y perspectiva además de necesitar trabajo. En este momento, no deberíamos preguntarnos si podemos darnos el lujo de confiar en estos fines, sino si podemos darnos el lujo de no confiar en ellos".

 

Esta es la cuestión. Y esta es la cuestión que subyace la pregunta sobre la presencia de las humanidades en una escuela de negocios. No es una cuestión ornamental, ni sobre cómo enriquecer la cultura general básica de los profesionales, ni trata de complementar la formación. Y por eso no es una mera cuestión de currículum (aunque debe traducirse en el currículum). Es una cuestión sustantiva, porque es la respuesta la pregunta sobre qué es lo que pretendemos con la educación.

 

Y en este punto creo que Nussbaum se queda corta. Porque, a diferencia de lo que plantea a lo largo del libro, cuando trata de argumentar por qué las humanidades son necesarias también para la empresa no va más allá de los enfoques convencionales. Es decir, vuelve a ceder el terreno. Y, una vez más nos encontramos ante el eterno retorno de lo conveniente como fundamento de la argumentación: hoy es necesaria la innovación, y para la innovación hace falta una mente flexible, abierta y creativa; la capacidad de imaginación constituye un pilar de la cultura empresarial; incluso si nuestro único interés fuera el crecimiento económico nacional, también deberíamos proteger la educación artística y humanística. Todo esto es cierto: lo conveniente es condición necesaria para argumentar en pro de lo que estamos planteando. Pero no es suficiente. Llevamos décadas con este enfoque, desde lo de que la ética es rentable hasta que la RSE no es más que excelencia en la gestión. Vale ya. Insisto, condición necesaria pero no suficiente.

 

Volvamos a la propia Nussbaum, para poder argumentar con sus propias palabras: la educación debe preparar para el trabajo, para el ejercicio de la ciudadanía y para dar sentido a la vida. No se trata, pues, de afirmar tan solo que los dos últimos objetivos facilitan (o, tal vez mejor, pueden facilitar) la consecución del primero. Sino también de que a lo mejor hay que redefinir el primero teniendo en cuenta los dos siguientes. En mis palabras: el reto para las escuelas de negocio no es el de complementar y enriquecer el primer objetivo con algunos aderezos de los otros dos, sino trabajar explícitamente sobre los tres. Y convertir la afirmación simultánea de los tres objetivos en el eje de una batalla de las ideas sobre lo conveniente y lo necesario en lo que se refiere al tipo educación que se requiere para dirigir organizaciones; y también sobre la comprensión de la idea de empresa como tal.

 

Solo este debate puede ayudarnos a aclarar y a explorar el posible lugar que puedan tener las humanidades en una escuela de negocios. Ya tenemos experiencias al respecto, algunas dignas de mención, creo yo. Pero hay que ir más allá. Porque ya no se trata de incrustar en el currículum de una escuela negocios algunos temas de humanidades, como un ejercicio de importación en el que lo único que cambia es el contexto institucional en el que se ofrecen. La afirmación de que las humanidades deben tener un lugar en una escuela de negocios debe ir pareja a la afirmación de que hay que repensar con qué enfoque ocupan su lugar, que no puede ser el mismo que el de una facultad de humanidades. Y aquí "enfoque" no debe entenderse meramente como "contenido" sino, sobre todo, al servicio de qué proceso de desarrollo personal e intelectual. Proceso que busca la capacitación profesional, pero que también quiere influir en ella. Por eso, el reto de la presencia de las humanidades en una escuela de negocios no debe poner el foco en el currículum (al fin y al cabo, incorporar algunas materias o seminarios que lleven títulos humanistas no es tan difícil); el reto es la definición, el cuidado y el acompañamiento del proceso educativo que se quiere catalizar con la incorporación de las humanidades.

 

Iniciaba estas líneas con un párrafo de Nussbaum sobre lo que supone la progresiva erradicación de las humanidades en la educación. Es justo que las cierre con otro de sus párrafos.

 

¿Con qué nos encontraremos en el futuro si estas tendencias se prolongan? Pues tendremos naciones enteras compuestas por personas con formación técnica, pero sin la menor capacidad para criticar a la autoridad, es decir, naciones enteras de generadores de renta con la imaginación atrofiada. En palabras de Tagore, un suicidio del alma. ¿Qué podría ser más terrible que eso?

 

Repito la pregunta, por si acaso: ¿qué podría ser más terrible que eso?

 

www.josepmlozano.cat



¿Humanidades en las escuelas de negocios?

21 de Diciembre de 2010 - 06:46:59 por josep maría lozano

La pregunta –que a veces sospecho que estudiantes, profesores e instituciones educativas no se hacen casi nunca- es qué pretendemos con la educación (y con qué parámetros valoramos si lo estamos consiguiendo, claro está). A lo mejor lo que ocurre es que no nos atrevemos a sostener con la cabeza alta la respuesta que daríamos a dicha pregunta.

 

Estamos en medio de una crisis de proporciones gigantescas y de enorme gravedad a nivel mundial. No, no me refiero a la crisis económica global que comenzó a principios del año 2008. Al menos en ese momento, todo el mundo sabía lo que se avecinaba y varios líderes mundiales reaccionaron de inmediato, desesperados por hallar soluciones. En efecto, el desenlace para sus gobiernos sería arduo si no las encontraban, y a la larga muchos de ellos fueron reemplazados por causa de la crisis. No, en realidad me refiero a una crisis que pasa prácticamente inadvertida, como un cáncer. Me refiero a una crisis que, con el tiempo, puede llegar a ser mucho más perjudicial para el futuro de la democracia: la crisis mundial en materia de educación.

 

Estas palabras no son mías (aunque las hago mías): son el inicio de un libro reciente de Martha C. Nussbaum, que lleva por título Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. El punto de partida de su preocupación es la constatación de que, en todo el mundo, se están erradicando progresivamente las humanidades de los planes de estudio y de las prioridades de la educación. Pero esta preocupación no es una preocupación gremial o corporativa. Es una preocupación por la razón de ser de la educación. Sostiene Nussbaum que la educación debe preparar para el trabajo, para el ejercicio de la ciudadanía y para dar sentido a la vida. Y que cada vez más el primer objetivo absorbe todos los recursos y energías, y oscurece a los otros dos. Lo formula mediante contraposiciones que, con el riesgo de adquirir un regusto maniqueo, delimitan con claridad la tensión: educación para la obtención de rentas o educación para la democracia y la ciudadanía (o sin ánimo de lucro); educación para promover la rentabilidad o para promover el civismo.

 

Estas contraposiciones, que por su tono falsamente antagónico lastran a menudo su hilo argumental, no son tales contraposiciones, sino el grito de alarma ante una tendencia que en, diversos países, va en la misma dirección: las prioridades unidimensionales en materia de educación. Sin embargo, lo importante del reto de Nussbaum en la reivindicación de las humanidades no se centra en las humanidades consideradas por si mismas, sino en su contribución para el desarrollo de determinadas capacidades. Las enumera en estos términos: la capacidad de desarrollar un pensamiento crítico; la capacidad de trascender las lealtades nacionales y de afrontar los problemas internacionales como ciudadanos del mundo; y por último, la capacidad de imaginar con compasión las dificultades del prójimo.

 

La crisis de la educación no es una crisis de currículum y planes de estudio. Vayamos por partes: claro que lo es, por supuesto. Pero es un grave error reducirla a ver quien elabora el mejor puzzle curricular. Entre otras cosas porque a base de rankings y benchmarquings lo único a lo que llegamos es devanarnos los sesos para ver cómo conseguimos hacer mejor que nadie lo mismo que hacen todos. Y la pregunta que debemos afrontar es si se trata de seguir haciendo lo mismo. Volvamos a Nussbaum: "se supone que las cosas que sí importan son aquellas que preparan para una carrera laboral. Entre los objetivos a los que vale la pena dedicarle tiempo nunca se menciona una vida plena de significado ni un ejercicio atento y respetuoso de la ciudadanía". Me corrijo: la pregunta ya no es si se trata de seguir haciendo lo mismo, sino si se trata de seguir pretendiendo lo mismo. La pregunta –que a veces sospecho que estudiantes, profesores e instituciones educativas no se hacen casi nunca- es qué pretendemos con la educación (y con qué parámetros valoramos si lo estamos consiguiendo, claro está). A lo mejor lo que ocurre es que no nos atrevemos a sostener con la cabeza alta la respuesta que daríamos a dicha pregunta.

 

Todo lo anterior afecta también, claro está, a las escuelas de negocios, que en estos momentos viven un inmenso debate sobre su razón de ser y su contribución. Pero me temo que lo que deberían hacer es empezar por confrontarse con otra afirmación recogida por Nussbaum: "Los seres humanos necesitan sentido, comprensión y perspectiva además de necesitar trabajo. En este momento, no deberíamos preguntarnos si podemos darnos el lujo de confiar en estos fines, sino si podemos darnos el lujo de no confiar en ellos".

 

Esta es la cuestión. Y esta es la cuestión que subyace la pregunta sobre la presencia de las humanidades en una escuela de negocios. No es una cuestión ornamental, ni sobre cómo enriquecer la cultura general básica de los profesionales, ni trata de complementar la formación. Y por eso no es una mera cuestión de currículum (aunque debe traducirse en el currículum). Es una cuestión sustantiva, porque es la respuesta la pregunta sobre qué es lo que pretendemos con la educación.

 

Y en este punto creo que Nussbaum se queda corta. Porque, a diferencia de lo que plantea a lo largo del libro, cuando trata de argumentar por qué las humanidades son necesarias también para la empresa no va más allá de los enfoques convencionales. Es decir, vuelve a ceder el terreno. Y, una vez más nos encontramos ante el eterno retorno de lo conveniente como fundamento de la argumentación: hoy es necesaria la innovación, y para la innovación hace falta una mente flexible, abierta y creativa; la capacidad de imaginación constituye un pilar de la cultura empresarial; incluso si nuestro único interés fuera el crecimiento económico nacional, también deberíamos proteger la educación artística y humanística. Todo esto es cierto: lo conveniente es condición necesaria para argumentar en pro de lo que estamos planteando. Pero no es suficiente. Llevamos décadas con este enfoque, desde lo de que la ética es rentable hasta que la RSE no es más que excelencia en la gestión. Vale ya. Insisto, condición necesaria pero no suficiente.

 

Volvamos a la propia Nussbaum, para poder argumentar con sus propias palabras: la educación debe preparar para el trabajo, para el ejercicio de la ciudadanía y para dar sentido a la vida. No se trata, pues, de afirmar tan solo que los dos últimos objetivos facilitan (o, tal vez mejor, pueden facilitar) la consecución del primero. Sino también de que a lo mejor hay que redefinir el primero teniendo en cuenta los dos siguientes. En mis palabras: el reto para las escuelas de negocio no es el de complementar y enriquecer el primer objetivo con algunos aderezos de los otros dos, sino trabajar explícitamente sobre los tres. Y convertir la afirmación simultánea de los tres objetivos en el eje de una batalla de las ideas sobre lo conveniente y lo necesario en lo que se refiere al tipo educación que se requiere para dirigir organizaciones; y también sobre la comprensión de la idea de empresa como tal.

 

Solo este debate puede ayudarnos a aclarar y a explorar el posible lugar que puedan tener las humanidades en una escuela de negocios. Ya tenemos experiencias al respecto, algunas dignas de mención, creo yo. Pero hay que ir más allá. Porque ya no se trata de incrustar en el currículum de una escuela negocios algunos temas de humanidades, como un ejercicio de importación en el que lo único que cambia es el contexto institucional en el que se ofrecen. La afirmación de que las humanidades deben tener un lugar en una escuela de negocios debe ir pareja a la afirmación de que hay que repensar con qué enfoque ocupan su lugar, que no puede ser el mismo que el de una facultad de humanidades. Y aquí "enfoque" no debe entenderse meramente como "contenido" sino, sobre todo, al servicio de qué proceso de desarrollo personal e intelectual. Proceso que busca la capacitación profesional, pero que también quiere influir en ella. Por eso, el reto de la presencia de las humanidades en una escuela de negocios no debe poner el foco en el currículum (al fin y al cabo, incorporar algunas materias o seminarios que lleven títulos humanistas no es tan difícil); el reto es la definición, el cuidado y el acompañamiento del proceso educativo que se quiere catalizar con la incorporación de las humanidades.

 

Iniciaba estas líneas con un párrafo de Nussbaum sobre lo que supone la progresiva erradicación de las humanidades en la educación. Es justo que las cierre con otro de sus párrafos.

 

¿Con qué nos encontraremos en el futuro si estas tendencias se prolongan? Pues tendremos naciones enteras compuestas por personas con formación técnica, pero sin la menor capacidad para criticar a la autoridad, es decir, naciones enteras de generadores de renta con la imaginación atrofiada. En palabras de Tagore, un suicidio del alma. ¿Qué podría ser más terrible que eso?

 

Repito la pregunta, por si acaso: ¿qué podría ser más terrible que eso?

 

www.josepmlozano.cat

 


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Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en "Responsabilidad Social Empresarial" de la ONU
Diplomado en "Gestión del Conocimiento" de la ONU

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